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viernes, 25 de mayo de 2012
Disqueras nacionales apuestan por cinco estrategias para no desaparecer
Óscar Prieto, gerente de producción de Discolandia, sentencia: “hace mucho ya que estábamos preparados para esta crisis y muy decididos a luchar contra la piratería”. Luego, muestra orgulloso el disco del grupo folklórico Maya, uno de sus más recientes productos.
Prieto recuerda que hace unos 20 años los dueños de la disquera pronosticaron la proliferación de la piratería y evaluaron los riesgos de continuar en este rubro. “Las ventas cayeron considerablemente, pero seguimos produciendo material original y a nivel industrial”, comenta optimista.
Pero enseguida agrega “ya estamos acostumbrados a los constantes dolores de cabeza”. Apenas lanzan un disco al mercado, pocas horas después ya se venden copias pirata en la calle.
Ante ese panorama, Discolandia y otras tres disqueras que operan en La Paz: Cóndor, Lauro y Alborada -según algunos de sus representantes, las únicas del país que aún operan a la vieja usanza- apuestan por cinco estrategias para luchar contra la piratería: bajar los precios, producir compilaciones de éxitos pasados, reeditar material exitoso e innovar el diseño gráfico de las portadas de los discos y apuntar a géneros y públicos específicos: en todos los casos, la cumbia y el folklore.
Medidas
Aunque parezca sólo un detalle, Prieto dice que es muy importante trabajar en la portada y el cuadernillo del CD para darle al cliente un “plus” con fotografías exclusivas y biografía del artista, además de las letras de las canciones.
Luis Aliaga, representante de Lauro & Compañía, recuerda con añoranza los buenos tiempos, cuando familias enteras llegaban a la tienda de la calle Evaristo Valle y compraban varios discos. Pero desde hace 15 a 17 años, todo cambió.
“Seguimos vendiendo, apostamos por la música boliviana y recuperamos los éxitos de antes, ya no producimos en género tropical porque es lo primero que sacan los piratas”, revela.
La estrategia que les permite seguir operando es bajar el precio de los discos, aunque eso signifique ofrecer un producto más sencillo. Cada CD que viene con una carátula simple, se vende a 20 bolivianos.
María Nancy Alarcón, propietaria de la disquera Alborada (ubicada en la avenida Buenos Aires), confiesa que cada vez que observa pasar un carro ambulante ofertando discos pirata frente a su tienda, siente ganas de cerrar su negocio.
“Hace años producíamos discos, pero ahora con la piratería ya no conviene. Nadie respalda a las disqueras ni a los artistas; ahora ya casi no vendemos ni siquiera el material que tenemos en stock”. La única fórmula que la empresaria halló para mantener su emprendimiento activo es reeditar la música que tiene público asegurado.
Este truco también le sirve a Discolandia, que atesora un valioso archivo musical que data de más de 30 años. “Al margen de hacer nuevas producciones -cuenta Prieto- constantemente sacamos reediciones de algunas de nuestras 15.000 cintas originales; tenemos un archivo -de al menos 100 grupos folklóricos y tropicales- que nos ayudará a vivir y producir muchos años”.
Raúl Mamani, hijo del propietario de discos Cóndor, asegura que a pesar de que cerraron su tienda hace dos años, su disquera aún produce al menos cinco discos por mes. Uno de sus secretos -la cuarta estrategia de supervivencia de las disqueras bolivianas-, es ofrecer a los clientes los “CD de variados”, es decir, compilaciones o antologías.
“En estos tiempos, lo que la gente busca son discos de canciones seleccionadas, pocos son los clientes que compran un CD de un solo grupo”, cuenta. Otra de las estrategias de Cóndor, y de casi todas las otras firmas, es especializarse en un público específico, el más masivo y popular: los amantes de la cumbia y el folklore.
“El objetivo de nuestra disquera es consolidar la música chicha que es muy discriminada por la gente”, asegura Mamani. Y es por eso que en los últimos años incursionó en la promoción y representación de grupos musicales.
Ésta es la dura realidad de la incipiente industria discográfica boliviana. Y pese a todo, Óscar Prieto asegura que seguirá combatiendo el tiempo que sea necesario, “porque todavía hay gente que aprecia lo original y de calidad”.
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